¿Vivimos la realidad? ¿Construimos realidades falsas para escapar de la realidad que nosotros mismos hemos creado? ¿Es necesario desprenderse de ambas "realidades" para vivir otra más plena?
Vivimos en una sociedad estructurada donde el "yo" es sacrificado por las convenciones sociales, el estilo de vida, el cinismo político, la tecnología como instrumento de incomunicación y una organización administrativa que lejos de solucionar los problemas de los ciudadanos, los ignora.
Ese "yo" que sueña con liberarse, con huir, con ser "yo", busca la fantasía como instrumento de realización inmediato. Esa fantasía sin embargo, es la mejor aliada de una realidad que no puede cambiarse si no se enfrenta a ella. De tal modo que la fantasía se convierte en "otra realidad" de la que también es necesario escapar haciéndole frente.
Un humor genialmente mordaz en ocasiones, y demasiado evidente en otras nos da el tono de la primera parte de la película. La caricaturización de los personajes secundarios, lejos de dársela, le resta credibilidad a la idea principal. Pero el protagonista está tan bien trabajado, que la película te acaba atrapando y se crea un vínculo intenso de empatía con el personaje.
La segunda parte es dura pero necesaria para llegar a la tesis final. La puesta en escena es austera, pero eficaz. Es una historia demasiado sencilla para un tema tan complejo, pero puede que ahí radique su valor. A mí me ha gustado.
spoiler:
Denys Arcand nos plantea un personaje de mediana edad, con un problema: vive en la fantasía aquello que no tiene en la realidad. En un entorno hostil, las relaciones de pareja, las relaciones con sus hijas, con la administración (obsérvese la recurrencia del autor en su crítica a la administración del Quebec), incluso con la tecnología (los móviles que aparecen en la cinta de un modo casi obsesivo o las consolas y demás aparatos) son una realidad de la que el protagonista huye en sus fantasías. Es, por lo tanto, un hombre que no vive en la realidad, no vive "ahora y aquí", un "ahora" al que sin embargo él mismo contribuye, bien en su oficio (rechaza e ignora a las personas que están peor que él), bien en su matrimonio ("No sé por qué me casé").
El equilibrio que deriva de este recurso utilizado constantemente en la primera parte de la película, empieza a romperse cuando las fantasías ya no funcionan. Es decir, la realidad es "una mierda", pero las fantasías tampoco valen. Al marcharse su esposa, el protagonista encuentra a una mujer que le propone vivir una fantasía en la realidad. Esta parte muy interesante del filme también nos hace ver que hay muchas personas en la misma situación que el protagonista (el torneo es prueba de ello). Al final, rechaza vivir la fantasía en la realidad, y el rumbo de su vida cambia.
Ahora que las fantasías no valen, es hora de hacer frente a la realidad y vivir el "aquí y ahora". Primero se enfrenta a su trabajo, después acepta la muerte de su madre (se puede interpretar que la madre sólo está viva en su imaginación; insiste al principio de que la sienten en una silla, cuando ella no pertenece ya al mundo de los vivos, es un vegetal), destroza su coche dejándolo abandonado (las posesiones materiales y la tecnología) y abandona a su mujer cuando ésta vuelve.
El protagonista está pues preparado para emprender su retorno a la realidad (habla en un momento de lo que fue antes de casarse: activista político, creativo...), y para ello debe huir de nuevo. Pero esta vez huye de la fantasía (Se despide de todas las protagonistas de sus sueños) para intentar emprender un "ahora" más pleno y completo.