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Antes de Baker Street
Allá por 1985 un infravalorado director llamado Barry Levinson tuvo el valor necesario para reciclar al detective más famoso de la literatura, Sherlock Holmes. En esta historia, Holmes, y el por entonces no Dr. Watson, vieron como sus caminos se cruzaban 18 años antes de su primer encuentro oficial en el "Estudio Escarlata". Por supuesto esto no forma parte del canon de Sir Arthur Conan Doyle, pero es cierto que la película respeta grandemente la esencia de los personajes, haciendo incluso guiños que encajarían "ulteriormente" en los relatos del detective victoriano (el origen de la esclavina, la gorra y la famosa pipa del personaje son sólo algunos ejemplos).
Pero son más los activos que alberga "El secreto de la pirámide". Tiene algo especial. Quizá la mágica ambientación, la narración o la mano del productor Spielberg tuviesen algo que ver con esto. Pero si por algo se me quedó grabada esta acertada precuela holmiana fue gracias a los excelentes efectos especiales que mostraba; la escena de la iglesia -recordad la cristalera y el templario- era sencillamente revolucionaria. Dos, por aquellos tiempos, pequeñas empresas (Light & Magic y Pixar) tuvieron la culpa del prodigio.
En suma, película notable, mágica, fresca, entretenida y lo más importante: respetuosa con el personaje literario hasta la extenuación. No se puede pedir más.
Bardo the Archer 
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