Últimamente tenemos la suerte de que muchos directores alemanes echen la vista atrás y revisen su pasado más reciente. A diferencia de otros cines, no caen en el sempiterno masoquismo de hallar “buenos” y “malos” sino que reflejan los fallos, la perversidad y, en ocasiones, la corrupción del ocaso de un sistema (el comunista) que estaba obligado a desaparecer. Buena muestra de ello fue en su día “Good Bye, Lenin” y actualmente “La vida de los otros”. Aunque se ocupe de otro momento histórico, también “El Hundimiento” fue un ejercicio de maestría y precisión, un documento gráfico valiosísimo pues nos permitió ver la decadencia moral y la locura de ese gran villano que fue Adolf Hitler.
El film que nos ocupa, merecido ganador del Oscar a la Mejor Película Extranjera, parte del encargo que recibe un disciplinado capitán de la Stasi (todopoderosa y corruptizada policía secreta comunista) de espiar a una pareja de artistas: un dramaturgo que recibe el favor del régimen y su bella esposa que es actriz.
Ulrich Mühe (que ya destacó en la maliciosa pero excelente “Funny Games” de Michael Haneke) es el encargado de dar vida a este ser gris que se ha pasado la vida espiando a los demás y enseñando a interrogar y extorsionar lo que hace que sea una persona sin vida propia, anodino, seco, aburrido y perdido en un mundo en el que ve como todas las cosas por las que había apostado se van desmoronando.
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La película toca en sus tres personajes protagonistas temas interesantes como el desengaño y la culpa (el papel de Ulrich Mühe que con su simple presencia primero férrea y luego fantasmagórica lo dice todo); el compromiso, la lealtad, la amistad y el deber (representados en la pareja de artistas espiados), todo ello bajo el marco desangelado de la Alemania de 1984. Alemania que quedó desestructurada y desmembrada tras la guerra pero que en la actualidad ha sabido hacer ejercicios de análisis histórico tan sabios e interesantes como el de la película que nos ocupa.
spoiler:
El mismo choque frustrante recibe el director de teatro (Sebastian Koch) al ver como un amigo suyo, poeta y compositor (apuntado en la lista negra de la Stasi por ser un artista conflictivo y subversivo), decide quitarse la vida desesperado. Por si fuera poco, un alto cargo de la Stasi se ha encaprichado de su bella esposa y la obliga a mantener relaciones con él si quiere seguir triunfando en los escenarios. El director de teatro comienza así a abrir los ojos ante un régimen que está podrido (y que asfixia por si solo cualquier posibilidad de mejora) y comenzará a escribir artículos prohibidos denunciado todo los déficits a los que los ciudadanos de la RDA se ven sometidos publicándolos en revistas occidentales.
Por supuesto, la pareja vive ajena a que está siendo espiada y por el giro que ha tomado la situación el capitán de la Stasi que los vigila enfermizamente se halla en la dicotomía de denunciarlos religiosamente y con severidad como ha hecho hasta la fecha o amparar su “delito” y permitir que se desate el escándalo contra el regimen. En esta decisión influirá un enamoramiento de la actriz chantajeada y el déspota de su amigo, un director de la Stasi en el que se refleja a la perfección todas las incoherencias del sistema.
Con un final demasiado trágico a mi gusto...