En su última novela, Paul Auster cuenta que una de las claves del buen cine está en el poder de comunicación de los objetos. Lo hace poniendo como ejemplos películas de Ozu, Renoir, Sayajit Ray y De Sica. Pues aquí, en esta C.R.A.Z.Y., también hay algo de eso. Unas tostadas a la plancha pueden significar un buen recurso humorístico primero y luego un momento de elevada tensión dramática. Esta cinta canadiense logra emocionar, contacta con el espectador (al menos conmigo) y toca varios temas peliagudos que giran en torno a la homosexualidad, el conflicto generacional entre los padres y sus cinco hijos y el consumo de drogas.
No digo nada nuevo si comento que es muy original y que afronta estos temas a cara descubierta y sin trampas, que hay escenas divertidísimas y otras tristísimas, que la banda sonora es maravillosa y que la estética sesentera, setentera y ochentera (la peli está dividida en tres partes de la vida de Zack y su familia, cada una de las cuales transcurre en una década distinta) está más que lograda. Que vivan Pink Floyd, los Stones y David Bowie.
C.R.A.Z.Y. es un sorpresón porque apenas la conocía cuando empecé a verla y cada vez te va atrapando más. Me recuerda mucho a Desayuno en Plutón, en la que también había mucho de humor y drama y giraba en torno a la homosexualidad del protagonista. Hay una diferencia, en C.R.A.Z.Y el protagonista se rebela, no acepta su orientación sexual y eso lo convierte en un personaje atormentado. En Desayuno en Plutón, nuestra Gatita tenía claro perfectamente cuál era su condición y quería llevarla a su máximo exponente.
spoiler:
Coincido con los anteriores en lo del viaje a Jerusalén y el parecido con Jesucristo del menda que aparece.