El visionario Alejandro Amenábar nos dice "es increible que una persona que quería morir diese tanta vida a los demás". No es de extrañar. Tener a un familiar diciéndote todo el día que lo mates es maravilloso, una experiencia que hay que vivir y que nos enseña que cuando todo te vaya mal hay que suicidarse u ordenar que te maten, en un gesto de extrema bondad. No como Cristopher Reeve...
Siempre recordaré la escena cuando Alejandro te muestra cómo Ramón se quedó así. Y lo hace el número exacto de veces: 57. Una más y sería cargante ya.
Mención aparte merecen los actores, portentosos. Javier Bardem está tan inmenso que en ocasiones parece de verdad calvo. Los que hacen de gallegos debieron pasar meses entrenando hasta dar con el acento exacto, y el resultado es abrumador. Una obra maestra.
spoiler:
Se me vienen a la cabeza escenas memorables, como aquella en la que Belén Rueda le da un cigarro a Bardem y él dice "es pa ver si me mata", o la otra cuando el chico con síndrome de Down ve la dedicatoria del libro y no pilla que va dedicado a él. O cuando el cabrón del cura le dice "lucha por vivir, Ramón" y él dice, con razón, "Me cago en tu madre". Un guión que hubiesen firmado los mismísimos Lubitsch, Wilder o Allen.
Por último el film nos recuerda que no os debe pasar como a Belén Rueda, que al final estaba ya tan mal que no podía ni hablar para decir que la mataran. No espereis a que vuestro tren pase. Suicidaros mientras podáis.