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LA INCOMUNICACIÓN
Ayer volví a ver “El enigma de Gaspar Hauser” (1974) en un ciclo de cine sobre el director Werner Herzog, encuadrado en la generación del Nuevo Cine Alemán (Peter Fleischmann, Win Wenders, Rainer W. Fassbinder, Peter Lilienthal, Reinhard Hauff, Schroeter, W. Petersen, Margarethe Von Trotta…) que eclosionó en los años 60 y en la década posterior se convirtió en el cine europeo más interesante desde la “Nouvelle Vague”.
Trata de la marginación, de la comunicación (incomunicación), de lo diferente, de no encajar en las etiquetas impuestas por la sociedad. El protagonista (Bruno S.) ha vivido parte de su vida en cautividad sin más contacto con el mundo exterior que el que tenía con su carcelero. No ha conocido a ningún otro ser humano. Cuando el expósito recibe los apoyos, básicos, necesarios es capaz de hablar, escribir, comer, aprender protocolos sociales e incluso tocar el piano. A la pregunta sobre los sueños que tenía en cautividad responde que no existían. Rechazado por todos, sentencia que “los hombres son como lobos”, llegando a decir que estaba mejor en el sótano. La película nos habla sobre el fracaso y sobre la imposibilidad de comunicación entre el inocente y la sociedad. El argumento de de ficción, pero se basa en hechos reales de la vida de Bruno S.
La comunicación es la base de todo, la que facilita la integración. Si falta comunicación los pilares donde se apoya lo social se desmoronan y aparece el abandono. La marginación se hace patente cuando no se encaja y en esa terrible situación el discriminado prefiere desaparecer o volver al cuarto oscuro. Es difícil llegar al interior de cada persona, todos guardamos nuestra intimidad en una pequeña caja fuerte. Hay matices que nunca conoceremos sobre los demás. El inconveniente es retroceder, volver atrás si lo conocido no ha merecido la pena. El final de Gaspar invita a la reflexión.
Antonio López 
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