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Destellos de hojalata
Félix Viscarret da el salto del cortometraje a la pantalla grande con un interesante trabajo, con estilo propio, fresco, pero que adolece de eso mismo, de “arrastrar” un formato propio de los cortos, abusando de secuencias de planos sincopados que le restan fuerza dramática a los momentos más graves del film.
Por otro lado, parece que Viscarret no termina de empatizar con los personajes de la novela de Fernando Aramburu, quizás porque aquél procede de cunas más altas, o bien porque el trabajo le vino como encargo del mismísimo Trueba, petición a la que es difícil negarse. Hay que recordar que Viscarret tenía otro proyecto distinto para su primer largometraje, pero por caprichos del destino acabó rodando esta película.
No parece pues que este sea el terreno del director, y quizás esa sea la razón de que no se reflejen de un modo claro las motivaciones de sus personajes; en concreto la relación paterno-filial, que se forja de un modo subliminal, sin quedar clara la razón de por qué la niña siente esa admiración y simpatía por el pelanas maloliente que no deja de llamarla “puerquita”. El vínculo que une a ambos ha de imaginárselo el espectador, habiendo de suponer éste que se trata de la historia del reencuentro de dos almas gemelas. Pero lo único que se plasma de una manera clara en el film para llegar a esa suposición es la afición de ambos por el tabaco, no existiendo muchas más premisas en el desarrollo de la trama que evidencien tal conclusión.
El hermano del protagonista, sensible, débil y de buen corazón, juega también un papel fundamental en la historia, pero Viscarret ha optado por caracterizarlo en exceso, confiriéndole un perfil que raya lo caricaturesco, haciendo de ese modo muy previsibles sus actuaciones.
Hay que señalar que la película contiene unas imágenes bellísimas de la Navarra más rural, desprendiendo cada plano olor a humedad y a naturaleza, a teja y a adoquín. No obstante, se echa en falta que los protagonistas tengan un acento navarro más elaborado y que utilicen un vocabulario más propio del lugar donde se desarrollan los hechos (creo que nadie de Estella diría “mala folla”, expresión que se repite hasta la saciedad) siendo los personajes secundarios los que aparentan ser más autóctonos.
La singular banda sonora ha sido muy bien elegida. Los sonidos metálicos y chatarreros van muy acorde con la personalidad de los protagonistas.
En conclusión, una interesante carta de presentación de Félix Viscarret, que si bien podría haber sido explotada con mayor acierto, no deja de ser un buen ejercicio digno de merecer un seguimiento en futuras obras.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: (-) Viscarret parece tener una obsesión con la gente orinando. Dos secuencias seguidas; el primero el de la novia del protagonista, que hasta se muestra limpiándose en la taza de water. Más tarde, cuando el prota llega al pueblo, lo primero que hace es echar una buena meada.
(-) La película parece materializar el dicho de "El muerto al hoyo y el vivo al bollo". Con el cadáver de su hermano aún caliente en la tumba, el protagonista se va con la novia de su hermano más feliz que unas pascuas.
Yerai 
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