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La angustia corroe el alma
Así reza el título original de este ejercicio de sosiego, dulzura y sencillez para una película densa y necesaria, educativa e ilustrativa como pocas, conducida con una dirección espartana que acaba apabullando, emocionando y paulatinamente entristeciendo. Fassbinder, liberado de todo lo superfluo aunque sin prescindir de momentos de genialidad, disecciona los prejuicios raciales y sociales de una Alemania hipócrita que mantenía restos de su pasado nacional-socialista; sin embargo, aunque la acción se ubique en Alemania, su denuncia traspasa fronteras y es fácil localizar en cualquier parte del mundo rico algunos de los síntomas que el director alemán ausculta. Mención aparte para la bella e inquietante historia de amor que usa como hilo conductor; en las antípodas del cine hollywoodense y que fuerza al espectador a ir más allá en sus tradicionales postulados acerca del amor. Hay que verla
Duvelmur 
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