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La complejidad en lo cotidiano
“Una historia de Brooklyn” es una propuesta tan inusual en los tiempos que corren que solo por este mero hecho merece la pena darle una oportunidad.
Noah Baumbach realiza un inteligente estudio de las relaciones intrafamiliares poniendo hincapié en los conflictos que se derivan de una separación matrimonial. Una experiencia traumática que los miembros de una familia han de aprender a afrontar por si solos. Unos (los padres) recapacitarán sobre lo vivido, sus errores y faltas y el por qué se ha llegado hasta esta situación, otros (los hijos), entre la resignación y la rabia, tendrán que empezar a vivir una vida completamente nueva a partir de entonces y que se les viene encima justo en plena pubertad, con todo lo que esto conlleva.
Un drama urbano que convence por su sencillez y suena muy real principalmente por el afán de la directora en acercarnos a los personajes, hacerlos lo más humanamente defectuosos posibles y mostrarnos sin tapujos sus miedos y complejos más secretos.
Si bien en algunas ocasiones le falta algo de chispa (lo siento, no puedo olvidarme de Woody Allen viendo un film de este tipo), el relato resulta siempre muy interesante y se le agradece enormemente que se aparte de los tópicos y evite caer en el sentimentalismo más gratuito e insoportable.
Ahora bien, es una película muy corta, y es una pena porque hay diversos puntos que no quedan del todo claros o que se tocan muy de pasada y de los que hubiera sido preferible haber incidido en ellos algo más profusamente. Ésto, aparejado a unas interpretaciones, sobretodo la del padre, algo tibias y descompuestas, hacen que el film finalmente no sea redondo pero sí altamente recomendable.
William Munny 
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