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Un Miyazaki menor, pero recomendable
La película es tan errática como el castillo de Howl. Miyazaki pretende abarcar demasiado, y tal vez lastrado por la novela que adapta, la película es demasiado ambiciosa y pierde gran parte de la entrañable cercanía de otros títulos más personales del director, como Totoro o Nicky. De cualquier manera la película está trufada del característico sello Miyazaki, y es en los momentos en los que los personajes se olvidan de la guerra e interactúan entre sí, esos pequeños momentos en las habitaciones del castillo, donde el director es más él mismo y la película se crece por momentos. Aparte del propio castillo -que se convierte no sólo en un personaje más, sino probablemente en lo mejor de la película- hay que destacar el personaje de Calcifer -el demonio del fuego- y el entrañable espantapájaros. La animación es fantástica, y la banda sonora de Joe Hisaishi es tan buena como es habitual en él.
Arias 
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