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La guarida de los monstruos.
Billy Wilder, fue por excelencia el rey de la comedia, aunque de vez en cuanto le gustaba cambiar de género, según palabras suyas lo hacía para no aburrirse.
El crepúsculo de los dioses, está a medio camino, entre el cine negro y el melodrama, pues contiene muchos elementos comunes a los dos géneros.
Esta joya que nos ocupa, se la puede considerar sin ningún tapujo, como la gran obra maestra sobre el decadente mundo de Hollywood. Tiene ese tono amargo que también sabia imprimir a sus obras el maestro Vienés, y ese toque entre triste y nostálgico sobre el recuerdo de un pasado que se fue.
Comienza de manera electrizante, con esa cámara a ras de suelo, que se desplaza por una alcantarilla, luego por el asfalto, hasta que aparece una fila de coches de policía que acuden raudos a rescatar el cuerpo de un hombre que aparece ahogado boca abajo en una piscina. Es este hombre ya muerto, el que nos va a contar su historia mediante una voz en "off".
De esta manera sabemos cuál va a ser el desenlace, pero eso poco importa, porque la historia a la que vamos a asistir está plagada de momentos maravillosos, desde el instante que el protagonista masculino entra en la lúgubre y fantasmal mansión, de la cual es moradora una vieja gloria del cine mudo y su fiel sirviente, que es también otro fantasma del viejo pasado.
El crepúsculo es una película para disfrutarla en todos los sentidos, con un guión pulídisimo, una dirección magnifica, y un trío de actores realmente prodigioso.
Por cierto, a veces me pregunto qué hubiese sido de nosotros (los cinéfilos) de no haber existido Billy Wilder....lo tendríamos que haber inventado, quizás.
Walter Neff 
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