Varios amigos me habían recomendado esta película, a la que calificaron como la mejor del año 2006. No sé si tanto, pero la verdad es que la forma de narrar la historia es sorprendente y divertida. El chico gay atrapado en una familia ultracatólica y con un padre autoritario es una idea muy manida, pero la forma de abordarla de Jean-Marc Vallée ayudado por una maravillosa banda sonora, hacen que nada sea previsible y tengas la sensación de no haber visto nunca antes algo parecido.
Pero hay que ponerle un pero, porque hacia la mitad de la película las escenas se suceden con la sensación de no estar bien hiladas entre sí, como que había que contarlas pero no hay una continuidad lógica. Viendo los extras, el director comenta que al ser una historia basada en hechos reales, se enfrentaron con ese problema: cómo unir tantas ideas y darles un hilo conductor que las una. Sin duda, creo que ahí falla un poco.
Por lo demás, divertida, original, la música como protagonista absoluta en la relación entre padre e hijo y una estética setentera maravillosa, hacen totalmente recomendado su visionado. Además, merece la pena ver en acción a Michel Côté y Marc-André Grondin. Canadá también existe.
spoiler:
--Divertido el encuentro en Jerusalén con el hipotético Jesucristo versus su homosexualidad.