Lars es un cachondo. Su humor me gusta, al que lo gasta la masa lo suele vilipendiar consternada pero esto solo hace aumentar la risa del danés. Y la mía. Me encantaría conocerlo, sentarme con él en un banco y jugar. Jugar con la decencia de la persona que se engaña a si misma, la que va de ética y se tira pedos en cualquier ascensor abarrotado cual inocente Cocolín. Nos las iríamos turnando y ganaría el que consiguiese arrancar más “madre del amor hermoso” o similares. Eso sí, sin levantarnos del asiento, que sientan nuestra superioridad mientras obligamos la aceleración de su inseguro caminar con nuestras macabras y lacerantes carcajadas. Todo vale. Algún día lo agradecerán, seguro. Y entonces oirán el eco de nuestras risas. Tarde pero siempre llega.
¿De qué os escandalizáis? ¿De una penetración sin aviso al espectador? Claro, cuando os ponéis una porno ya lleváis la porra en la mano y el objetivo es claro y fugaz. Pero que aparezca así de repente… ¡Eres un jodido gorrino! Y todo porque la cremallera estaba subida, que no atascada. El objetivo del grupo de libidinosos es el mismo que el del amigo Lars y las personas a las que indignan son los espectadores incomodados. Habéis entrado en su juego, como peones claro.
Y por todo esto el se ríe. Risa que me contagia. Porque os ha desorientado, por eso confundís su objetivo y le servís la victoria en bandeja.
Lars os ha ganado, que cabrón.
spoiler:
Me quito la venda, desato las cuerdas y os vacilo: "Vamos, disparad valientes".
Yo también voy a ganar. Al estilo Lars.