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Formalismo naif
El ardor de la juventud, su estúpida inocencia, su envidiable inconsciencia, su larga vida por disfrutar... sus besos por robar. Así se podría resumir el espíritu de la obra de Truffaut, que en su cuarta película reincide en esta temática.
Jean Pierre Leaud (sí, el niño de los 400 golpes) es Antoine un despistado y desorientado joven que solo tiene algo claro, su amor por las mujeres y en especial por la apocada Fabienne, mientras su vida discurre de trabajo en trabajo, algunos con más éxito y otros con menos.
Truffaut utiliza el tono desenfadado y lubistchiano de la comedia para retratar a la juventud. Esa etapa de la vida donde los errores pueden corregirse, cuando todavía hay tiempo para el amor y desamor, para desear y soñar, para equivocarse y que el tiempo te de una segunda oportunidad.
Sus intenciones, se quedan en eso, intenciones. Vista desde la distancia que da la lejanía en el tiempo, la obra parece más un ensayo, una experimentación, una propuesta formal más que una narración como tal . Tiene esa atmósfera del cine francés de su tiempo, ese aire naif, intencionadamente ligero y descuidado. Me deja frío y como si en la hora y media no hubiese pasado nada.
Lo mejor de la obra la canción del comienzo, ejemplo de la mejor chanson francaise.
eldiabloenelojo 
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