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Video killed the comic star.
Hubo un tiempo en el que los tebeos de Mortadelo eran quizá mi bien más preciado. Uno de los rituales más repetidos de mi infancia consistía en coger un montón de no menos de treinta tebeos y dejarlos en el suelo junto al sofá para tumbarme a leer dispuesto a pasarme las horas muertas, rara era la ocasión en la que leía más de dos o tres, y sin embargo siempre cogía el montón de treinta, ya sabéis lo que se dice de comer con los ojos cuando se pide en un restaurante mucho más de lo que se puede comer, pues a mí me ocurría algo parecido con los tebeos.
Recuerdo que era muy, pero que muy pequeño cuando leí la historieta de Magin el mago, que guardo como uno de mis primeros recuerdos, y sin duda el primero en lo que a disfrutar con la lectura se trataba, debí leerme aquella historieta de forma compulsiva docenas de veces, luego llegarían el Gang del chicharrón, El sulfato atómico y tantas y tantas 'mortadeladas' que sería imposible recordar todas, pero baste un detalle para confirmar mi condición de 'Mortadelólogo', y es que otro de los días que recuerdo nítidamente de mi infancia es aquel en el que, de repente un día sin saber porqué, tuve conciencia de que esos tebeos no se dibujaban solos, que esos personajes no existían realmente, y que el responsable de ellos era un tipo calvo que se llamaba Ibáñez y que si le daba por dejar de dibujar podía dejarme bien jodido.
Un buen día pusieron por la tele unos dibujos de Mortadelo y Filemón, y recuerdo que mi decepción fue enorme, ¡¡esos no eran Mortadelo y Filemón!!, ¡¡si ni siquiera eran sus voces auténticas!!, era yo demasiado pequeño para admitir que las voces que yo les había puesto en mi cabeza no fueran las auténticas, pero dentro de mi primario raciocinio infantil, sin saberlo, había dado en el clavo, y es que llevar a la pantalla a los dos personajes más geniales del gran Ibáñez, y conseguir trasladar su humor y sus comportamientos tan peculiares, era poco menos que misión imposible.
Y eso es lo que me ha venido a la mente mientras visionaba esta película, que me ha defraudado tremendamente, es simplona, tosca, previsible y ramplona, pero sobre todo, es un fracaso total y absoluto de tratar de poner en imágenes en movimiento aquellas viñetas de las que han disfrutado y siguen haciéndolo varias generaciones.
Al menos La gran aventura de Mortadelo y Filemón se podía ver sin causar sonrojo, es de Oscar comparada con ésta, a este ritmo calculo que matarán a disgustos a Ibáñez de aquí a dos o tres películas más, tiempo al tiempo, (eso sí, con la billetera llena).
Y no es por ponerme pesado, pero esas voces......
¡¡Qué siguen sin ser las auténticas, coño!!.
Castigado sin cenar 
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