Dirán que no es de lo mejor de Woody Allen, pero a mí me pareció divertida, especialmente en su inicio. Tras criticar irónicamente al Papa y a la Monarquía como los más ricos del mundo sin merecerlo, la idea de que los protagonistas se enriquezcan con la tapadera, en lugar de con el dinero robado en el atraco es buenísima. Es cierto que la película va diluyéndose un poco a medida que avanza, y más si la ves por la noche en TV con anuncios de por medio (la publicidad debería estar prohibida en las películas de Allen, porque interrumpe todo el humor continuo que exige para que no te aburras). Sin embargo, es de esas películas que no me importaría volver a ver sin pausas, y por ello le subo la nota. Además, son dignos de mención los trucos que utiliza Frenchy para convertirse en una rica con clase, aunque no los desvelaré para quien quiera descubrirlos.
Por último, nuevamente, contiene diálogos ingeniosos como:
spoiler:
Ray: - Voy a la azotea para tomar un poco el aire. Lo necesito.
Frenchy: - Vale, pero no te suicides. Eres un lavaplatos muy valioso.
Cuando Ray le dice a su antiguo compañero de la cárcel (Lovitz): "Tú quemabas todo para engañar al seguro, ¿no?", y él contesta: "Sí, pero gracias a eso dos de mis hijos pudieron ir a la Universidad".
Y el mejor para mí, en la entrevista a uno de los socios de Ray:
- ¿Por qué se le ocurrió la idea de introducir publicidad de las galletas Sunset en "Playboy", "Penthouse" y "Hustler Magazine"?
- Bueno, verá, cuando un tío está mirando a una tía buena en pelotas, babea, y si gira la página y ve una de nuestras especialidades de pistacho y crema, piensa que es por eso.