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Película patrocinada por El Vaticano y la asociación de la defensa del fumador pasivo
Vi esta peli en su estreno y la volví a ver el domingo haciendo “Sillón Ball”. Y quedó patente que solo el ser humano tropieza dos veces en la misma piedra: “Soy un capullo”.
Aunque también podríamos alabar la fortaleza de esa mente humana, que tan poco conocemos, que de vez en cuando hace que de tu psique desaparezca un momento traumático como debió ser para mi cerebro la visión en su día de este “glorioso” esperpento, del cual he de reconocer que no recordaba nada de nada.
Toda la película es de un estupidez místicamente infinita, diablos que parecen Gremlins, angelitos alados con cara bondadosa, gente corriente que solo el protagonista puede ver su espeluznante cara de Orco venido a menos, seres diabólicos que parecen yuppies de alguna asociación de banca, y un Keanu que cada vez que sale lo único que hace es encenderse un cigarrillo para agravar su cáncer terminal de pulmón, hace falta ser gilipollas.
El Papa de turno debió colaborar lo suyo en esta idiotez, queda claro, pero que muy claro que el infierno existe y es un sitio la mar de caluroso, y en el cual se construyen constantemente edificios que se van quemando (Por lo menos así nos lo presenta el bobo del director, como una ciudad en llamas). Y naturalmente el cielo también, faltaría más, con alguna nubecita con pinta de borrasca, la cual habrá provocado, supongo, algún angelito con ganas de hacer pipi. Luego, deduzco, que yo estoy condenado a vagar por calles en llamas eternamente, me tendré que hacer a la idea de que estoy en Sevilla en verano.
En cuanto al diablo decir que es un dandy vestido de blanco y con marcha, mucha marcha, el cual no se entera de nada de nada, puta mierda de diablo, y que es más fácil de engañar que un niño de dos años.
En fin, pues va, pues no lo he dicho, de la llegada de un anticristo, lo cual debe evitar como sea nuestro amigo Reeves con su cara de panolí y con una “Cruz Winchester 73” liquidadora de diablos. Eso si, mientras está pasando sus últimos días en la Tierra por su afición al tabaco, lo cual nos demuestra que hasta un súper man puede morir si le da mucho al pitillo: “¡Dejemos de fumar de una puta vez leches!”.
Por lo tanto un suspenso, espero no ir al infierno por ello.
antipseudo 
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