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<John Ford ha hablado>.
Excepcional cinta en la que Ford vuelve a sorprender al espectador con una profunda revisión del género que él mismo había ayudado a componer y caracterizar.
En este film, el director se aparta de los grandes espacios abiertos de Monument Valley, que por regla general habían sido uno de sus sellos de identidad, y elabora una obra intimista, con la que, haciendo uso de su derecho como máximo exponente del género “western” (y en parte como ya se adivinaba en “Centauros del Desierto”), clausura el clasicismo inherente a la narrativa de dicho género, amputándole de una estocada su más valioso elemento identificador, la leyenda.
Los valores del “far west”, son cuestionados por un joven abogado llegado del Este, que se erige en paladín de la ley y el orden en un contexto anárquico, dominado por la “ley del revolver”.
La revisión no sólo es observable en el clima teatral que inunda la película, o en la ausencia de acción que caracteriza a la misma, sino sobre todo, en el tratamiento de los personajes. La visión de un John Wayne desquiciado por la bebida y derrotado en el terreno sentimental por el “antihéroe” interpretado por el soberbio James Stewart, es, cuanto menos, desconcertante. Pero tiene su “por qué”. Esto le sirve a Ford para reinterpretar el valor de la leyenda, injusta con el verdadero héroe, John Wayne, y tremendamente generosa con el inútil y honesto, aunque no falto de coraje, James Stewart.
Pero este largometraje es algo más que un “western”. Como ya he apuntado anteriormente, la práctica ausencia de combate es intencionada. El director pretende mostrar otro estilo de lucha, la dialéctica, ajena normalmente a este tipo de historias y que se materializa en la representación de un nuevo tipo de reglas basadas en el civismo y la educación (la escenificación de las reuniones populares son buena muestra de ello).
Este tratamiento, revive al infravalorado editor del periódico, interpretado por un magnífico Edmon O’Brien, que redescubre su talento con la llegada de esos nuevos valores, devolviéndole una dignidad y una ilusión, que había perdido en un entorno poco interesado en su labor comunicativa.
No menos acertada es la elección de Lee Marvin para el papel de Liberty Valance. El actor, generalmente una cara simpática para el público en multitud de papeles a lo largo de su carrera, da muestras de su validez en esta genial interpretación del malvado forajido. Su personaje sirve además como nexo de unión de toda la historia, y aún siendo un secundario de contadas apariciones, su presencia está patente a lo largo de todo el relato.
Sin duda una de las grandes historias del género, imprescindible, al menos, por el placer de descubrir la visión que tenía, del llamado “western crepuscular”, el clásico entre los clásicos, John Ford.
Josey Wales 
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