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Marcó el inicio de una nueva manera de tratar a héroes y villanos. Siegel-Eastwood, gran binomio.
Notable film que se mueve por caminos que ahora están muy trillados, pero en su momento fue incomprendida -sobretodo en Europa, donde se tildó de fascista sin matices-.
Eastwood lo borda como policía harto de un sistema que penaliza al honrado y salvaguarda al criminal, en un San Francisco corrupto que iniciaba el post-hipismo.
Resalta la economía gestual del protagonista y de la propia película, lo que hace que haya envejecido bastante bien (es resultona). Todos los actores están bien, y las escenas de acción francamente bien resueltas. Abrió la puerta a una saga muy decente si exceptuamos la última.
Feldon 
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