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Ya nunca será antes, siempre será ahora
No entiendo las malas críticas que ha generado la que hasta ahora es la última peli de Woody Allen, a la espera del estreno de Vicky Cristina Barcelona; vuelve sobre tesis ya apuntadas en Match Point, esa soberbia primera de esta tríada de pelis "inglesas" del genio neoyorquino. Tal vez los decepcionados lo hayan sido porque esperaban una comedia, una más de las cosas graciosas que nos regala el señor Allen, o qué sé yo. Lo cierto es que me ha gustado bastante esta historia sencilla y moral, de dos hermanos que se enfrentan al crimen, sin haber "nacido" o evolucionado hacia él. La clave de la narración es eso, precisamente, la lucha que mantienen Ian y Terry, magnificamente interpretados por Ewan McGregor y Colin Farrell, por entender qué significa esa frontera entre el bien y el mal, a la que ambos se ven abocados desde trayectorias vitales distintas, pero marcadas por la insatisfacción y el deseo de un cambio radical.
Tampoco entiendo que se la califique de aburrida, cuando es todo lo contrario, te mantiene a la espera del qué pasará, hacia dónde irán los protagonistas, qué sucederá con el Tío Howard (excelente también Tom Wilkinson), incluso sería de destacar la labor de Philip Glass en la ambientación musical de la acción.
Tal vez haya que destacar dos aspectos negativos: el final, un tanto insulso, aunque consecuente con la tónica triste de la peli, y los papeles flojillos de las mujeres de Ian y Terry, secundarias de verdad, de las que no aportan nada a la narración (¿quizás un toque de color de Woody Allen para no convertir todo en un cuento bergmaniano sobre Caín y Abel?)
babayu 
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