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Película imbécil
Este tipo de cintas, por contraste, hace que películas como "Nueve vidas", de Rodrigo García, por poner un mero ejemplo (ya que, en teoría, esta mierda de Benton trata de los sentimientos y de las experiencias emocionales), no sólo adquieran un cariz de "cine de calidad", sino que las encumbran a la categoría de "obras insuperables".
El juego del amor. El juego de los cojones. Tetas y más tetas sin venir a cuento. Diálogos de risa, contextos ridículos, apareamientos gratuitos. Ni en una casa de putas se encama la gente con tanta prisa, vamos. Y los personajes no son más topicazos porque no se puede. No se puede. Ni adrede. Sólo faltan Steven Seagal matando a los malos en una esquina y Tim Allen con un gorro de santa claus. Y la Selma Blair esta, contribuyendo a cagar la peli con su nivel B, que se toca el pelo tres veces en cada toma, igualito que las pijas de Al salir de clase (mira que lo de tocarse el pelo es un indicativo de MALA ACTRIZ, pero nada, que no se molestan en disimularlo, la cabra siempre tira al monte).
Y vamos a dejarlo, vamos a dejarlo porque si nos ponemos a analizar el aspecto psicológico-emocional de los personajes, eso de "estoy casada felizmente con un tío pero, coño, a lo mejor soy lesbiana, pues me enrollo con ésa, que está buenorra..." Vamos a dejarlo.
Señor Benton, aquí teníamos a un maestro del cine que se llamaba Juan Antonio Bardem y que, mire usted, al final de su carrera le dio por hacer una cosa que se tituló Resultado Final. Ándese con ojo. Advertido queda. Un abrazo.
Diego Deltell 
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