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El juego redundante de la muerte
Destino Final 3 es la más insulsa y tópica de la hasta ahora trilogía iniciada en 2000, cuyos planteamientos bastante originales resultaron entretenidos en un principio -y hasta cierto punto también lo fueron en la segunda parte-, pero ahora ya todos los recursos están agotados.
Como la mayoría de las películas de terror, las interminables continuaciones explotan, a costa de los méritos de las originales, los ingredientes fundamentales hasta el punto de convertirse en taras. Las ideas se reciclan y adquieren la misma forma de antes, no hay frescura, no hay vida; lo único que hay son repeticiones patéticas que no logran impedir la irreductible sensación de déjà vu.
Mejor hubiera sido que el director James Wong (responsable de la primera) permaneciera alejado de esta Destino Final 3, ya que no ha aportado nada nuevo a la película. El esquematismo excesivo, evidenciado en el argumento, en la creación de personajes (meros muñecos de vudú), en las situaciones presentadas y sus resoluciones, no hacen más que constatar una idea agotada, exprimida hasta la última gota, sin haber sido nunca actualizada o reinventada.
La estructura del film sigue el mismo orden previsible, observado ya en las anteriores entregas: una muchacha tiene una visión nefasta en la cual se ve a sí misma y a sus compañeros víctimas fatales de un terrible accidente desencadenado por el descarrilamiento frenético de los vagones de una montaña rusa.
La joven en cuestión trata de impedir que su lóbrega premonición se haga realidad, pero no todos dan crédito a sus palabras. Finalmente, el accidente ocurre. Pero gracias a ella algunos han logrado burlar los planes de la muerte, por lo que esta reelaborará su lista negra y tratará de cobrarse las vidas de quienes estaban destinados a morir.
De esta forma empieza un largo viaje para asegurar la supervivencia, descifrando en el trayecto los tenebrosos designios del hado a fin de intentar desbaratarlos y salvaguardar la vida.
Lo preocupante es que la película está repleta de escenas de muerte, casi sin solución de continuidad. Demás está decir que el despliegue permanente de tales situaciones -de variadas y algo vistosas características- desemboca en la monotonía absoluta.
No existen las sorpresas en Destino Final 3, tampoco hay suspense ni grandes actuaciones, pero mucho menos hay entretenimiento (la base de cualquier película de terror). Más bien, lo que se nota a simple vista es la repetición de situaciones y de elementos ya vistos anteriormente. La sensación general que a uno le queda es la de haber asistido a una remake, muy reciente por cierto, innecesaria y cínica.
lisandro 
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