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Sobre el sexo extremo (Crítica no recomendada a menores de 18 años)
Nigel y Fiona son los dos componentes de un aburrido matrimonio. Y cuando digo aburrido, me refiero al apartado referido a lo sexual.
Para celebrar el séptimo aniversario de casados, Nigel decide sorprender a Fiona con un crucero con destino a la India para, según él, encontrar "la serenidad espiritual"; sin enterarse de que lo que a ella más bien le haría ilusión son menos soplapolleces y más polleces (o pollazos, en un momento dado), y a la serenidad espiritual que le vayan dando morcilla. Y me solidarizo con la señora, ya que la figura de su esposo se nos presenta como la de un señor de lo más apagado que se pueda imaginar. Y pasar siete años con un tío al que jamás se le ocurriría soltar por la boca una lindeza del tamaño "quítate las braguitas y abofetéame con ellas la cara que quiero comprobar lo mojadas que están" debe de ser, a la larga, un coñazo. Este como mucho, de los del misionero y hasta mañana (y recalco: como mucho). Así que para su desgracia, tiene bastantes papeletas para lucir en un futuro no muy lejano una formidable cornamenta.
Para suerte o desgracia del matrimonio, en el viaje se cruzarán con otro par, que estos sí, se encuentran situados en el extremo opuesto en cuanto a forma de ver y de sentir el sexo; El minusválido Oscar y la exótica Mimi; libertinos extremistas de los placeres carnales más esplendorosos y radicales (muy sano y recomendado por este que os escribe)
Durante el viaje, Oscar pondrá el punto de mira sobre el anodino Nigel, para por distintas sesiones relatar con todo lujo de detalles la vertiginosa historia de relación vivida con Mimi desde el mismo día en que la conoció. El muchacho Grant, pese a que hace gala de una tremenda hipocresía al mostrar horror ante lo narrado, se va dejando querer puntual como un reloj atraído por el irresistible deseo carnal hacia ella; y con la sana intención de meterla en el catre, por supuesto (lo que yo te diga, tonto pa lo que le conviene).
Magnífico uso dado al brick de leche, danza de infarto, culo de ensueño, ama-esclavo, lluvia dorada televisiva, celos, venganzas, obsesión, lujuria, obscenidades, exaltación, furia, pasión... todo eso nos llegará a borbotones de la mano de Lunas de hiel; pero amor... de eso creo que no.
Muy buena película, y al final... (sólo en spoiler)
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: ... al final después de tragarse los desvaríos del minusválido va el tío y no se la folla. Pero su mujer sí. Espabila macho.
JuanCádiz 
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