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Las catársis alemanas.
Últimamente el cine alemán nos presenta unas propuestas de enorme interés humano y cinematográfico. Con pocos medios y una probada eficacia, desarrollan unos productos de profunda inteligencia y excelente factura y en la mayoría de los casos proponen la reflexión de su propia y reciente historia, en unas catarsis que en nuestras latitudes ya quisiéramos, a propósito de nuestros recientes despropósitos históricos.
En “La vida de los otros”, subsiste este psicoanálisis, esta introspección a las tripas de las miserias más recientes, para hacer una profunda meditación sobre los resortes del poder, la sumisión a su terror psicológico, en las formas más sutiles de la delación, la prostitución, para hacer un canto a los valores del ser humano, en las formas del sentimiento, la inteligencia y la empatía.
Lo hace con una puesta en escena soberbia, sencilla, con una excelente ambientación a base de tonos oscuros, que subrayan el sórdido ambiente de opresión política que retrata la película y unas impecables interpretaciones, en las que destaca la de Ulric Mühe.
El resultado puede ser una metáfora ( posiblemente algo optimista) sobre la propia auto emancipación de la RDA en los años inmediatos a la caída del muro y al derrumbe del totalitarismo, en la figura ( contradictoria y a veces poco creíble) del implacable capitán de la policía secreta (la Stasi) y su gradual y lenta caída del caballo, cual San Pablo camino de Damasco, a medida que asiste a la esperanzadora intimidad de unos seres mucho más puros que la sordidez que defiende cotidianamente.
Un film excelente, totalmente recomendable, que en la mezcolanza agridulce de sus mensajes, nos deja el buen sabor de la esperanza en la progresiva y posible bondad de los seres humanos en medio de la jungla de corrupciones que no cesan.
Ramsés 
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