Hitchcock, como casi todo gran director, es uno de esos que nunca nos va a dar para que veamos una película sin ingrediente alguno. No. Si Alfred pone la firma, es garantía de que enfrente hay una película de suspense al máximo nivel.
Con la muerte en los talones posee un comienzo, y creo que en esto debe concordar toda la plebe, excepcional, que se alarga hasta más o menos una hora y media del metraje. No se puede decir que en tal escena termina con la introducción de la película y le da lugar al nudo, ya que no dejan de suceder cosas inesperadas que alteran todo pensamiento que se tenía sobre el contenido de la historia y sus personajes, dando más de una vuelta de tuerca en momentos claves, que hacen que inevitablemente se tenga que volver a partir la manzana y empezar de nuevo.
La última hora no es mala, si tenemos en cuenta los giros del guión, los variados ingredientes, los climas de engaño y las sorpresas al por mayor (algunas de ellas con previa anticipación hitchconiana, que pone al espectador al tanto de ciertas cosas que ignoran los personajes), pero a su vez peca no tanto de inverosimilitud en el sentido de que ocurre cosas extrañas que no deberían ocurrir según la lógica de las situaciones, ya que eso no sucede, sino de escenas muy poco creíbles (no inverosímiles, claro está) que detallaré en el spoiler*.
Si se habla de espionaje, es claro que Con la muerte en los talones es la película a ver, y si las voces se refieren al suspense, Hitchcock el director a seguir.**
spoiler:
Esas escenas a la que me refiero son todas en los momentos finales de la película, más escpecíficamente en la montaña Rushmore, por ejemplo: que Mason y los suyos habiten en una cabaña a la cual se puede acceder fácilmente por la ventana; que el propio Mason tenga la estatuilla poco menos que en la manos de la chica cuando ésta se la roba; que apenas se tropieza Mason cae al precipicio, y casualmente cuando cae Eve se agarra de una piedrecita, que se rompe pero la sujeta a tiempo Cary Grant, que le pisan las manos cuando justo aparece la policía...
**Alfred, a veces también tienen que morir los buenos.