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Tres niños juegan en la calle.
Uno de ellos es el, podríamos decir, “jefe”. Toma las decisiones, es atrevido, enérgico, valiente, y tiene una capacidad de liderato que hace que la gente le siga. Será respetado, quizá sea uno de los líderes de pequeñas bandas callejeras, saldrá a defender a sus amigos si lo necesitan, y si es necesario, dará más de una paliza.
Otro es el principal seguidor del primero, le admira y se ha ganado plenamente su amistad. Es la mano derecha del anterior, siempre le seguirá en casi todo, y sus decisiones están motivadas por las del primero. No será tan conocido como el primero, pero siempre estará ahí, ayudando, pensando en los demás. Es un tipo normal, básicamente
El tercero no es nada atrevido. Es pausado, calmado, quizá sea visto como alguien vulnerable y titubea a la hora de tomar decisiones, pero sabe ganarse la amistad de la gente. No se mete con nadie, y no tiene enemigos, pero los enemigos del primero pueden convertirse en sus enemigos. Pero será protegido, porque es un buen tipo, amigo de sus amigos, siempre atento.
Uno de ellos se subirá en un coche del que nunca más saldrá. Uno de ellos acabará destrozado por el devenir de los acontecimientos. Uno de ellos acabará en el Mystic.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: En casi todas las películas, novelas o demás formas de contar una historia, el débil suele verse beneficiado, por la razón de que suele ser el tipo con el que nos identificamos, porque nos resulta un personaje entrañable. Como mejor ejemplo, en su reciente Gran Torino (cuidado con el spoiler si no la ha visto) Eastwood, el tipo duro, acaba siendo el gravemente perjudicado para que Tao pueda sobrevivir. Lo mismo pasa en la ganadora del Oscar de este año. Hay en todas las películas una especie de glorificación del débil, que suele dar un toque soñador a la película y nos hace creer que eso es posible, que el tío al que dan de collejas será un día el que los gobierne a todos.
Pero Eastwood es implacable con el débil aquí. Le mete en un coche terrorífico, le hace sospechoso del asesinato de su gran amigo de la infancia, aquel que les guiaba, que tenía madera de jefe. Y al que nadie tosía. Y obviamente, nadie mataría a su hija, y menos su querido Dave Boyle. Y pagará por ello, aunque no haya matado ni una mosca en toda su vida. Y por ello, Sean, ese tipo normal que de pequeño seguía a su amigo de toda la vida, acaba dándose cuenta, de porqué era Jimmy al que seguía de pequeño. Porque tenía peligro, y si lo ignorabas, acabarías con un balazo en el Mystic.
Una extrañísima y profunda reflexión sobre nuestras amistades, sobre la fortaleza de los fuertes y la debilidad de los débiles. Porque Jimmy Markum nunca habría acabado con una bala en el Mystic.
Ranapa 
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