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The Amazing Jarmuschman
Aunque es evidente que la estructura superficial de esta cinta es más propia de una peli de espías, me gusta más pensar que lo que ha hecho Jarmusch aquí ha sido crear su propio superhéroe. Aunque ni vuela, ni lanza telarañas, ni tiene fuerza sobrehumana.
Debajo de su fachada hermética y silenciosa (no olvidemos que es el ideal de Jarmusch), el único superpoder que posee es el de la imaginación. En la realidad no es gran cosa, en la ficción lo es todo. Para salvaguardar a los músicos, cineastas, científicos, bohemios y drogadictos, es el superpoder idóneo*.
No viene a salvarnos a nosotros, entonces, sino al arte. Y para hacerlo hay que eliminar a la realidad. Sin armas, sin fuerza, sin planes estratégicos. Sólo con una simple cuerda de guitarra. Con arte.
Sin embargo, aunque la misión acaba en la película y nuestro héroe (bueno, el del arte) guarda su traje y se pierde en la realidad, el objetivo no está cumplido. Jarmusch configura su particular lienzo en blanco, su elogio al arte por el arte. El concepto está perfectamente conseguido, su ejecución no. Su universo de variaciones, diálogos marcianos y hermetismo interesa (a ratos), pero no cautiva. Convence, pero nunca emociona.
Y es que para que el arte mate a la realidad no basta con el lienzo. Necesita que lo rellenen.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: * El control/realidad (Bill Murray, decisión simpática) está fortificado por completo con hombres armados y puertas inaccesibles. Para que nuestro héroe entre en su despacho a eliminarlo, Jarmusch emplea una elipsis. Con la imaginación, su entrada es imposible en la realidad. En la ficción todo vale.
GVD 
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