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Sobre la calle Fleet
Tim me encandila, me engaña, me enamora como si fuese una quinceañera.
Tim me hace soñar.
Dicen las malas lenguas que Burton demostró la clase de director que era en el Planeta de los simios y que luego hizó Big Fish para engañarnos a todos. Yo me deje seducir por supuesto. Y si es mal director, me da igual. A mi me tiene loca.
Una romántica empedernida como yo, amante del Western y fiel soñadora diaria, no tiene otra opción más que dejarse persuadir por la magia y el mundo de Burton.
Sí, este es mi axioma de partida, y encima a todo esto hay que añadir canciones, porque sí, me encantan los musicales y que no daría yo por bajar a comprar tabaco y que el camarero del bar de mi barrio con su camisa medio desatada y su bigote me cantasé una canción mientras me lo da y yo (esto ya es más díficil, no conozco a nadie que cante peor que yo) le pudiera responder en el mismo idioma músical mientras doy vueltas y salto agilmente sobre las mesas del bar y los chiquiteros y museros me lanzaran las cartas haciendo una especie de lluvia de sotas de bastos y ases de oros mientras hacen el coro. Pues lo que decía, que si ya me dejo engañar por Burton, y además me gustan los músicales y encima tengo al pirata del Caribe enfrente, pues la mezcla es que salgo del cine como si hubiese estado visitando el país de las maravillas o como si me hubiera estado tomando una cerveza con Han Solo.
Hay sangre, hay amor, desamor, hay dolor y hay venganza.
El dualismo del ser humano queda filmado magistralmente, porque hay rencor y odio, pero todo es por el amor perdido. Aquel que nunca regresará, por muchas cabezas que se corten o muchas canciones de amor que cante algún marinero desorientado.
El paraíso perdido miltoniano escenificado en las calles de Londres es lo que nos regala Tim.
Así que si no lo habéis hecho, poneros un abrigo y acercaros a la calle Fleet, todo lo que la imaginación puede llegar a esbozar se esconde ahí entre pentagramas y sangre rosa. Gracias a Tim, otro mundo es posible.
Y sí, puede que tenga un full y yo unas míseras dobles parejas, y además es probable que se esconda un as bajo la manga, pero aún y todo yo me dejo engañar por él, porque ver sus películas es igual que estar bajo una noche estrellada tirada en la playa, con una cerveza y con Coltrane de fondo. Mágico.
Aeris 
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