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Ni buenos ni malos ni todo lo contrario
Estamos aburridos de ver en la tele el conflicto Israel-Palestina. Como bien dice el director, él no juzga, no se pone del lado de unos ni de otros. Los protagonistas son personas, más allá de religiones, credos y políticas.
Y todo para mostrar que, con unos sencillos mimbres, se puede hacer una digna película. Una película que guarda un silencio de rabia, un silencio de complicidad, un silencio de amargura y un silencio de risa. Pero que, cuando los personajes hablan, lo hacen con el corazón, y casi da igual que esto suceda en Israel. Podía pasar lo mismo en Euskadi, en Munich o en Tibet.
La interpretación de la protagonista es, sencillamente, sublime.
Y posiblemente, es la típica película que todo instituto debería tener para enseñarla a sus alumnos.
fincher 
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