|
Seamos serios
Si John Ford levantara la cabeza y viera ésta película diría algo así como: "¿pero qué habéis hecho?, ¿qué me he perdido?. El comienzo es prometedor unos 10 minutos, 20 a lo sumo, pero pierde todo su sentido, por el cambio de tono un poco más avanzado el metraje, en una película absolutamente desequilibrada tanto en guión como en dirección.
Todo es de una gelidez alarmante, sin secundarios, sin una trama medianamente interesante, con guiños de cara a la galería del director, y por encima de todo, permite a Daniel Day-Lewis pasarse veinte pueblos. El film gira en torno a su actuación, anulando a todo actor de reparto que se le acerque. Malas transiciones, papeles que aparecen y desaparecen, provocan el caos y la consiguiente desesperación en el espectador. Con todo tipo de tics, piruetas y gestualizando cada dos por tres, Day-Lewis hace que su interpretación sea una caricatura realmente grotesca. Sobreactúa como nunca y gran parte de culpa la tiene el director, por no saber frenarle.
La película no transmite, va avanzando sin control, a trompicones, con monotonía y con una banda sonora estridente y anticlimática. La última hora va sin freno, sin detalle, con precipitación desmedida. El resultado es feo, tedioso, no sabes si reir o llorar. La dirección de Paul Thomas Anderson, es hueca, superficial y sin atisbo de personalidad.
Éstas son mis sensaciones, acerca de una película en la que tenía muchas esperanzas puestas, pero de la que no me cuadraba y me mosqueaba la elección del director. Y me duele aún más por el actor británico, (nacionalizado irlandés), del que no he visto nunca una mala actuación. Espero y confío en que ésto, sea sólo un borrón en su brillante carrera.
Ah! se me olvidaba, ha ganado con éste papel muchísimos premios y el oscar también se lo llevará, 8 nominaciones a la película, nominación para el negado de Anderson, (Joe Wright se estará descojonando aún), y yo me pregunto: ¿ A quién le importan ya éstos premios?
El halcón maltés 
|