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HISTORIA PRECIOSA DE UN JUEZ RURAL QUE SE DORMÍA ANDANDO GRANDES DISTANCIAS
"Tribunal o Juzgado a caballo". Todavía hay en la China recóndita, rural, más alejada de las ciudades, jueces que pasan cada equis tiempo por aldeas remotas para juzgar y arreglar conflictos de intereses entre los aldeanos. El juez Feng es uno de estos magistrados, un hombre con más de medio siglo, muy bregado por años recorriendo a pie caminos polvorientos y montañosos, en compañía de una colega nativa de la región, contratada por el Estado chino como ayudante e intérprete del dialecto local (no por estudios universitarios), y ahora, en este viaje que nos narra el filme, también acompañado por un joven juez recién salido de la universidad y con la actitud prepotente de quien se cree que lo sabe todo porque acaba de obtener una titulación, aunque en realidad sea un ignorante de las relaciones humanas en el medio donde ha de ejercer.
Película de mucha hondura espiritual y humanística. Deliciosa de ver porque muestra la función social de poner paz y justicia, en su expresión más natural, llana y efectiva para el pueblo, ejercida por un hombre que sabe más por viejo sumido en la periferia humilde del mundo que por ciudadano subido a la cresta de la ola exitosa de la gran ciudad.
Pero, este aparente juececillo trabajando en una labor de funcionario pobretón, en el fondo está más acorde con la vida que el juez Garzón o cualquier otro perteneciente a Tribunales Supremos de Justicia: está menos politizado y es menos dependiente "de facto" del Poder Ejecutivo de su Estado-Nación (como dice el refrán: "Del jefe y del mulo cuanto más lejos más seguro"); además, goza de lo que Garzón u otros famosos y ricos jueces no pueden, de la práctica de la justicia útil, sin burocracia endiosada a más importante que el HACER JUSTICIA; encima tiene gratis y cotidianamente aire puro, paisajes magníficos, Naturaleza espléndida rodeando su transcurrir; y por supuesto ¡el contento de vérselas con gente todavía conectada a la sencillez y al vivir pausado, poco artificializado, donde los viejos y tranquilos valores no han sido desplazados por la prisa amenazante de relojes o teléfonos!
Dado que el juez Feng representa la calma, el paso lento, integral y contemplativo de ser, nunca estará patrocinado por mandamases como el Banco Santander o ING, que lo que potencian son la supervelocidad de deshumanizantes efectos secundarios, la marginación del respirar sosegado, la tiranía del ritmo desquiciante, cuya imagen es representada por tipos como Fernando Alonso o Luis Hamilton y sus bólidos.
Y al fin y al cabo, ¿no tenemos que acabar todos premiosamente solos, unos con un perrito en casa, otros con una mujer que te lleva al hospital para que no le ensucies la cama y otros junto a un caballo y la vasta Naturaleza? Al menos el juez Feng lleva su mente repleta de Naturaleza gratificante y de contacto con personas que aún viven sin achuchones, lo cual no es poca dicha en un mundo cada vez más globalizado en lo artificioso desnaturalizador.
Fej Delvahe
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Jie Liu, tiene la magistralidad de exponer en su filme algo muy parecido a lo filosofado por Peter Sloterdijk, uno de los pensadores europeos más famoso y leído, catedrático de Filosofía en la Hochschule für Gestaltung de Karlsruhe, en su libro "Extrañamiento del mundo" (1998), es decir que "la lentitud puede ser un equivalente funcional de la trascendencia".
En definitiva, el juez Feng viene a ser la cara o imagen misma de la humanidad que se está cargardo o arrasando el monstruo de dos cabezas (la velocidad y la globalización), el monstruo que en realidad es el auténtico causante de la gran crisis ecológica mundial.
Bueno, todos nos subimos en el carro del desarrollo, de la comodidad y de los avances que hacen nuestra vida más fácil; pero luego pagamos un coste grandísimo por ello y de enormes consecuencias. 1º) Porque un sistema se vuelve insostenible si (a) se acelera demasiado y no tiene tiempo de seleccionar las adaptaciones más viables; y (b) porque cuando se globaliza demasiado, se vuelve incapaz de atender a lo micro y cae en el obstusismo de adorar sólo lo macro.
Fej Delvahe
Fej Delvahe 
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