|
Luna de miel con el père Jules
¡Qué comienzo, con los recién casados encaminándose hacia l'Atalante! ¡Qué subida, la del père Jules al barco, en esa especie de botavara-balancín! ¡Y qué bien camina la novia, blanquísima en la noche, por la cubierta de la nave! Diríase una aparición de gasa pura. Ya a bordo, comienza la luna de miel y, con ella, la vida en pareja o trío -hay un cuarto personaje pero resulta tan translúcido que casi no se advierte su presencia. Navega Jean Vigo, navega con elegancia y un punto de histrionismo, entre gatos que aparecen por doquier y el turbio fantasma de los celos. La ciudad, al fondo, despliega sus encantos y acecha con las luces de la fiesta. El estilo de la cinta es algo menos surrealista y técnicamente más logrado que el de "Cero en conducta", e igual de fresco y atrevido. ¿El guión? No acaba de funcionar, sobre todo en lo que respecta al desenlace. El hilo narrativo se pierde entre los meandros del Sena hasta que Quasimodo-Jules se encarga de cerrar en falso la película. ¡Lástima! Aunque, por otra parte, siempre nos quedarán los gatos.
Servadac 
|