Magnífico retrato del mundo del rodeo el que nos ofrece Sam Peckinpah, personalizado en la inmensa estrella de Steve McQueen. En el mismo año en el que también se unieron para realizar otra gran cinta, La Huída, Steve y Sam hacen una pareja perfecta para esta historia de espectáculo y relaciones personales.
De espectáculo porque pocas veces, casi ninguna, se ha llevado a la pantalla de una manera tan genial el gran circo del oeste americano por antonomasia, los rodeos. Toros, caballos salvajes, tira de lazo...y polvo, mucho polvo. Y de relaciones personales. La de Junior con su padre, con su madre y con su hermano, la de Ace Bonner con su mujer e incluso la del perro con Ace. Cada una de estas relaciones tiene sus misterios, sus momentos, sus altos y sus bajos y que además están muy bien reflejadas por el director y sus protagonistas.
Clasicazo del cine americano de los setenta con un enorme Steve McQueen dirigido con maestría por el mejor Sam Peckinpah para dejar una historia de orgullo, el orgullo de un hombre que nunca se dará por vencido y mucho menos ante los suyos.
spoiler:
Muchos ratos notables e incluso sobresalientes en la película. Además sin ser un film de acción te regala situaciones de tensión y bastante emocionantes. Como la monta final que hace Junior a ese toro de 500kg (8 segundos) o cuando entra en los antiguos terrenos de su padre donde grandes máquinas excavadoras están trabajando. ¡El ruido es ensordecedor! Además esta escena dura bastante y consigue llevar un cierto agobio al espectador que va creciendo por momentos. Gran alivio cuando Junior sale de allí. Incluso también encuentras momentos cómicos. Esos americanos peleándose a puñetazo limpio y solo deteniéndose ante los acordes del himno americano.
Risa, tensión, agobio...en una película de rodeos. Y todo gracias a dos grandes. Película muy notable.