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Grandes rosas
Antes de ver la cinta, me imaginaba un Moulin Rouge a la española: una película llena de giros dramáticos y sub-tramas que apartasen la atención del espectador hasta que la anunciada tragedia hiciese su aparición y nos pillase a todos por sorpresa.
Me alegré enormemente de ver que no era así. Emilio Martínez-Lázaro ha decidido dar un lento paseo junto a los personajes de la película y desistir de buscar puntos de inflexiones donde no los había. Su guión se aleja completamente del arquetipo de la ficción, convirtiendo su obra en una "caracther-driven-movie". Algunos consideran que es terrible, pero yo no.
He oído a críticos decir también que "Las 13 rosas" va a por la lágrima fácil. Cosa que yo también contemplaba como expectativa antes de verla. Las historias de amor que acompañan a los protagonistas son realistas, tangibles, y palpables: matrimonio con hijos, novios adolescentes, coqueteos sanos. Gracias a Dios, Martínez-Lázaro se resiste a la tentación de meter a un Romeo y a una Julieta en su tragedia anunciada.
En mi opinión, se consigue conocer a los personajes; palpamos claramente qué hacían allí, cuál era su relación con las Juventudes Socialistas, de manera que cuando el final se acerca, podemos saber como espectadores que las jóvenes iban a afrontar sus destinos de formas diferentes.
Respecto a la realización, me impresionó la ambientación. En el centro de Madrid se refleja perfectamente el cambio que está viviendo la ciudad en todos los sentidos, y su esencia permanece. Martínez-Lázaro se aleja de los ordenadores y recrea una Gran Vía, un Parque del Oeste, unos Jardines del Moro, y un Casco Viejo de la ciudad a los que se debe gran parte de la credibilidad de la cinta.
Sobre la interpretación, tengo que decir que con esta obra conozco a Marta Etura, de la que me he enamorado perdidamente. Pero como apuntan otros, el gran fallo es ese desembarco de actores de televisión. Aunque no todo el mundo cree que cierto anonimato de los actores nos ayuda a meternos en el sueño de la ficción, todos están más o menos de acuerdo en que Fran Perea sobra y no consigue en ningún momento que dejemos de ver a Fran Perea para ver a su personaje (de cierto peso en la trama). Luisa Martín, sin embargo, hace un trabajo espléndido como actriz de reparto, y sobre ese fantasma llamado Leticia Sabater, tengo que confesar que salí de la película sin haberme enterado de que ella aparecía, debido a su elaborada caracterización. Me reconcilio en esta película con Pilar López de Ayala, a la cual le tocó interpretar al personaje más transversal de la película; consigue marcar más que ninguna otra actriz en esta obra la evolución de su persona. Y Verónica Sánchez superó con creces mis pesimistas expectativas sobre su trabajo.
Felicito a Martínez-Lázaro por su magistral entrada en el mundo del drama, en una producción atípica, movida por un guión de personajes, y en suma una muy conmovedora historia que debería remover más de una conciencia.
Frande 
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