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Clásico intergeneracional.
Un clásico del cine americano y una obra emblemática a todos los niveles y de un calado intergeneracional absolutamente aplastante.
Si no existiera "La última película" posiblemente habría que inventarla. Habría que inventar esta historia de un pueblo languideciendo y mortecino, en transición de unos valores a otros, en un proceso más involutivo que evolutivo posiblemente. Habría que inventar ese halo nostálgico, poético y apesadumbrado de sus imágenes y de su mensaje. Habría que inventar su espíritu ennoblecedoramente cinefílico, su plasmación serena y certera del paso de la juventud a la madurez de unos personajes que habitan en un círculo vacío, monótono, en un pueblo frustrado globalmente por la suma de frustraciones individuales de muchos de los personajes que lo habitan, pero que precisamente por ello acaba siendo una explosión de vida, un conjunto de cosas imprescindibles que atan y que duelen cuando se acaban: el equipo de baloncesto, los billares, los achuchones en el coche, las sesiones de cine.
Bogdanovich hizo una obra a retener en la memoria y en la retina, hizo una película oxigenante, clásica, cercana, que airea los pulmones de quien la ve, la huele y la toca. Porque "La última película" es, dentro de sus imágenes, quizás la primera película tangible de la Historia.
Gran interpretación.
kafka 
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