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Damn, those are bad-ass kicks, dawg. You´re lucky you got little bitch feet, or else I´d be stompin´ around in them motherfuckers.
Por mal que a muchos nos pese, “Harsh Times” se ve en la obligada tarea de asumir las (odiosas) comparaciones con “Training Day”. Y aunque sobre todo en su primera hora la enorme película de David Ayer mantenga coetáneas reminiscencias con el excelente thriller de Antoine Fuqua, es una pena que muchos minimicen los hallazgos tanto narrativos como estéticos, tildando al film de persuasivo o, en el peor de los casos, de fotocopia acartonada. Nada más lejos de la realidad. El guionista de “Dark Blue”, sin apelar a la moralina bienintencionada, se ha desprendido de esa mascara maniquea que Hollywood le había adjudicado, y narra, con portentoso temple, un descenso a los infiernos que se intuye crepuscular (el memorable y peckinpahniano episodio en México eleva la poética del film hasta una apoteosis emocional antológica).
De nuevo tenemos a dos personajes (paradigmas contemporáneos de una sub-cultura que los ha recluido y modelado para un fracaso personal y profesional dictado de antemano) que dejan vagar sus perdidas almas por los barrios más adúlteros y carniceros del mismismo infierno. Ayer los vuelve a enclaustrar entre los aceros de un coche, desde el cual sus abstractas y complejas criaturas observan la imparable rotación cinética de un mundo que no quieren comprender y de unas reglas que se niegan a aceptar. Todo lo que en “Training Day” era efectismo evasivo, complacencia relativa para la aceptación ética por parte de un público mayoritario, en “Harsh Times” se transforma en aspereza y cruenta realidad, porque ya no hay tiempo para la disculpa genérica, estamos en el terreno de la crudeza como poso argumental. Y Ayer, como todo buen poeta de la lírica visual y escrita, ha sabido componer una danza de muerte y violencia a ritmo de un críptico, abrumador réquiem post-mortem.
Ayer a filmado, en el fondo, un ocultista western sobre dos forajidos (hermanos de “sangre”) que nunca volverán a cabalgar juntos, la historia de dos hombres abocados al abismo, dos protagonista que deberían de asumirse como antagonistas. Todo resulta insólito y certero, la mirada de su autor es seca y polvorienta, sórdida y turbadora. Lo que comienza como un cuento algo distorsionado sobre la esperanza como motor de vida, termina por acercarse mucho más al terror psicológico, al horror de crispación política. “Harsh Times”, sin caer jamás en el maniqueísmo simplista, apóloga sus virtudes desde un magnifico prólogo en Irak hasta un coche que sirve como apocalíptico lecho de muerte, desde el cual se apela a la eutanasia. Cine implacable, grande y valiente, que, afortunadamente, no caduca.
Lo mejor: Christian Bale, sencillamente colosal.
Lo peor: Las comparaciones.
Clark 
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