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Culto a la belleza.
John Ford es un hombre de cine.
Visconti es un esteta que hace (grandes) películas.
No hay soluciones cinematográficas, no hay pulso narrativo. Sólo hay incontinencia y momentos de éxtasis obtenidos a partir de la música, la fotografía y unas interpretaciones más cercanas al teatro o a la ópera que al cine. La película tiene en sus “picos” vocación operística más que cinematográfica.
Visconti coloca o mueve la cámara para registrar belleza, no para transmitirla. Prefiere retratar de manera hermosísima, mostrar de forma artificial y exponer sin que el espectador se sienta implicado más allá del extraordinario color o la extraordinaria música (Verdi, Bruckner). La película acaba siendo fría y de una gélida elegancia. Un colosal y refinado ornamento.
Y además está excesivamente condicionada por su origen literario.
Desde el punto de vista de cuadro-película que se ha comentado por ahí es fantástica. Pero en mi opinión no llega a otras grandes películas del director en las que hay turbación, trastorno, emoción... y no sólo goce estético.
Una gran película de todas formas, las pegas son simplemente para dar una visión distinta. Y comprendo perfectamente que algunos consideren todo esto una virtud y no un fallo.
El inicio en el teatro de la Fenice, el paseo por el muelle y el final son antológicos (un 10 rotundo). Pero echo de menos más momentos como el del mechón de pelo y la mano temblorosa. Echo de menos que la historia esté al nivel de lo puramente pictórico. Y por historia no me refiero sólo a narración. Aunque también.
Bloomsday 
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