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Vaya viajecito
Especie de "road movie" bergmaniana, que en español se podría haber traducido como "Me estás dando el viaje, cariño" dada la cantidad de reproches que sale por la boquita de los personajes en cuanto se montan en el coche y empiezan a largar, pero claro, esto es una película de Bergman y uno ya sabe a lo que va. La película es una salvajada, Bergman destilado, alcohol puro, brutal, con unos actores sobresalientes muy bergmanianos todos, llenos de diéresis, que habría que citar con exclamaciones, como si esto fuera una entrega de premios: ¡Victor Sjöström!, ¡Bibi Andersson! ¡Naima Wifstrand! -la madre-, ¡Gunnar Sjöberg! -el señor Alman, el que se lleva los bofetones de ¡Gunnel Broström!-, etcëtera, etcëtera (sólo excluyo de esto simbólicos óscares a los tres jovenzuelos que van hacia Italia, cuyos personajes son los más falsos y tontorrones de la película, aunque tengan algún detalle gracioso, como querer dirimir la existencia de Dios a trompadas).
Muy buena, rodada en un precioso blanco y negro, llena de dolor, nostalgia y (a su modo nórdico y glacial) también de ternura y de nostalgia por el tiempo ido y por las personas que quisimos alguna vez. Los episodios oníricos son de lo mejor que se ha rodado nunca.
Macarrones 
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