Entretenida y bella forma de entender el cine que tiene François Truffaut y que expuso desde su primera obra que es esta maravilla llamada en castellano "Los cuatrocientos golpes". La infancia de Antoine nos es conducida o revelada a través de una realización exquisita (con cameo inclusive de François), en una dura historia que extrañamente también se hace tierna.
Mención a parte la impresionante interpretación del por entonces niño, Jean Pierre Leaud, sin duda una de las mejores interpretaciones vistas jamás a un niño, aunque su compañero de aventuras, René, tampoco se queda muy atrás. Además el filme cuenta con tres escenas extraordinarias y míticas.
spoiler:
Esas escenas no son otras que cuando a Antoine y René les echan de clase (y posteriormente de la escuela), teniendo lugar una bellísima acción de compromiso con la justicia y la amistad por parte de René y otra, la escena de los niños viendo el guiñol, que fue rodada en cámara oculta. Por fin, la escena final, donde Antoine corre como si su destino fuese la libertad, llegando hacia el mar, el cual nunca había visto antes, y su cara queda congelada en un fotograma: sí, Antoine ya se había hecho un hombre. En definitiva, la opera prima de un genio.