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LENGUAJE, SILENCIOS Y SMALL POTATOES
*Desamparados en el margen de la sociedad finlandesa, los personajes de la ‘Trilogía de los Perdedores’ carecen de ideales, aunque un sentimiento intuitivo de integridad les mantiene a duras penas en una existencia cuesta arriba.
Salvo eso, nada poseen. Tampoco el lenguaje, del que hacen uso mínimo. Lo rigen otros y está lleno de trampas: uno puede enredarse en palabras diciendo lo que no quería decir, perpetuando involuntariamente los valores oficiales.
Despojados del idioma, no formulan su voluntad.
Sentados en la acera, Nikander e Ilona, la cajera del supermercado, fuman y tantean si pueden fiarse el uno del otro, mirar juntos el porvenir. Un pacto de supervivencia, sin romanticismos.
—¿Qué quieres de mí?
—Soy Nikander, ex carnicero, ahora conductor de camiones de basura, con dientes y estómago malos, hígado hecho polvo y cabeza no muy allá. Y no quiero nada de nadie.
*Las palabras y los nombres asignan a los seres una identidad fija. ¿Trabajas conduciendo un camión de basuras? ERES un basurero. Zafarse de un lenguaje así es librarse de etiquetas aplastantes.
—¿Cuál es tu nombre de pila?
—No te lo diré.
—¿Algún problema con eso?
—Podría ser…
En los prolongados silencios la música, procedente de tocadiscos, radio y conciertos en vivo, muestra y amplifica el sentir de los personajes. Baladas finlandesas, rock, John Lee Hooker y un melancólico bolero de Guty Cárdenas.
Dile a tus ojos que no me miren porque al mirarme me hacen sufrir...
*Al renunciar al lenguaje se impugna la totalidad del sistema, incluidos sus criterios de salud y terapia:
—Estás enfermo…
—Sí, mentalmente.
—Que te vea un médico, para la baja.
—La clase de médico que necesito no ha nacido.
*Aprender otra lengua (inglés) es irse enviando al extranjero. Liberador. Un ejercicio que traduce Nikander en la academia dice con tono elegante que estar enamorado es divertido, muy divertido.
La vida es corta y el instinto alimenta una digna esperanza: desde el puerto de Helsinki, entre grúas como saurios, zarpar hacia Tallin, en la orilla soviética.
—Pero, si nos vamos de viaje, ¿cómo nos arreglaremos con el trabajo?
—Small potatoes! [¡Bagatelas!]
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: En el mundo de la Trilogía se puede tener un amigo. Si muere, cruza la pantalla un perro negro, corriendo.
El final feliz, el crucero de hoz y martillo pintado en la chimenea alejándose hacia la URSS, más que a ironía parece obedecer a un arrebato 'voluntarista'.
Archilupo 
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