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Vamos allá, Diego...
A mi, ni me gusta la literatura de Pérez Reverte, emparentada en melancolías con los folletines de Dumas y los espadachines del siglo XIX que ni he leído ni pienso leer; ni especialmente el cine de Díaz Yanes pese la buena fama de guionista que lo acompaña. Al final me he encontrado con una película que cumple sobradamente su objetivo: Entretener y contar una historia, con el consabido peligro de defraudar la gran cantidad de expectativas que se genera siempre que se adapta a un escritor tan popular (siempre ocurre, como prueba a la vista están los 250 comentarios que se lleva esta película para bien y para mal) y más teniendo en cuenta que la adaptación se trata de poco menos que cinco libros. ¿Quien dijo imposible? Que se lo pregunten al megalómano Peter Jackson.
Así pues: me parece una película valiente, técnicamente irreprochable, con una fabulosa ambientación histórica, con tonos trágicos, épicos, visualmente demoledora y activa en cuanto a acciones y avance de la historia se refiere, que al final, es en suma, lo que buenamente desearía el adaptado Reverte (aunque me de igual lo que desee Reverte)
Pero el cine, dicen, se compone de situaciones y la capacidad para contarlas y es en el apartado de guión donde la cosa flaquea habida cuenta de algunos descuidos en el diseño de los personajes especialmente el de Fray Emilio Bocanegra, entre otros, con una presentación del mismo en un comienzo espectacular, pero diluido incomprensiblemente tras su aparición en escena o la identidad del tal Malatesta, el morenito de Palermo, que ahora te pincho, ahora te quiero,,, ahora te pincho, ahora te quiero,,, A esto deben añadirse algunos cabos sueltos en las subtramas, de menor importancia como la enemistad (no explicada) entre bandos o el propio tandem de personajes Viggo-Anaya.
En cuanto a las interpretaciones, podríamos acordar que ciertamente están descompensadas: Tenemos por un lado a un Viggo Mortensen absolutamente creíble capaz de hacer suyo el personaje y a sus compañeros de andazas inconmensurables Dechent, y Eduard Fernández, limpísimos en su trabajo, en contraposición al ahijado Ugalde, a quien parece que le faltan un par de hervores interpretativos Un fabuloso Javier Cámara capaz de comerse la pantalla en el plano corto pero ciertamente desaprovechado visualmente; Elena Anaya contenida pero contundente y alguno otro, como el de Noriega, poco trabajado.
En suma: Como dije, quizá sea mi falta de expectativas las que buenamente me han acompañado a ver un tipo de cine que no es de mi interés, pero si a todo esto, le añadimos el discreto buen hacer musical del maestro Roque Baños y una fotografía emparentada con los mejores lienzos de Caravaggio, Velazquez, y la pintura holandesa, finalmente tengo la sensación de estar ante una película que atiende a sus objetivos en estrecha colaboración con el adaptado y ante un trabajo responsable del que pese a todo no me importaría se le reconociera algunos de sus méritos.
Chus 
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