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Belleza sórdida
Hay películas para todos lo gustos: ligeras, profundas, divertidas, dramáticas... Y eso es precisamente lo que hace al arte del Cine tan grande: siempre puedes encontrar algo que te gusta. Léolo no es de ninguna manera una película para todos los gustos, ya que lo que cuenta está tratado de forma sórdida, pero también bella, divertida, pero también trágica, inocente, pero también cruel, y así hasta el infinito. Eso es lo que hace a Léolo tan grande: permitir experimentar al espectador todo tipo de emociones en cien minutos.
Aunque la película me parezca sobre todo un acierto repleto de inolvidables momentos, también abunda en elecciones que no consigo poder tragar: la familia obsesionada con las heces y la escena onírica de la madre defecando y el niño llorando no me hace sentir nada, sólo grima e indiferencia; tampoco me dice nada el intento de asesinar a su abuelo, me produce también grima e indiferencia. Y sólo he mencionado dos ejemplos, hay más.
Pero se acabaron los defectos por que las virtudes son poco menos que inabarcables:
su añorada Italia, su amor por Bianca, la historia del hermano que intenta ponerse fuerte para acabar con sus miedos, la fascinante voz que relata todos los acontecimientos, las frases geniales que narra, muchos momentos tiernos, la inolvidable banda sonora que tiñe de forma especial el film,el amor que siente por todos los miembros de su familia, el desolador desenlace que provoca las lágrimas, y un largo etc. todo ello descrito con una emoción fascinante.
Jean-Claude Lauzon funde rasgos de Fellini, Buñuel y demás cineastas europeos con un estilo propio y el resultado ha sido poco menos que fascinante. Léolo es de esas películas que no se captan con la mente, sino con el corazón.
+: La ternura, emoción y desolación (por citar sólo tres adjetivos) que emanan del film, lo hacen memorable y hasta apasionante.
-: El relativo mal gusto que tiñe varias secuencias (francamente repugnantes) que consigue revolverme el estómago.
GVD 
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