Un marido cornudo, una esposa ensimismada, un amante irreflexivo y un detective privado bastante guarrete (en todos los sentidos) juegan entre ellos al arte del engaño en esta película en la que los hermanos Coen, tanto desde el guión como de la dirección, se erigen en los mayores mentirosos.
Uno de los temas sobre los que se construye la trama de Blood simple es la falsedad de la aparente realidad y la película se construye sobre esa máxima.
spoiler:
- En el despacho de su bar, el marido alimenta su cabreo y barrunta sus próximos movimientos con la mirada fija en las cadenciosas aspas del ventilador. Un plano nos muestra el ventilador, que se supone que es el que observa el marido hasta que el plano se abre y descubre a la esposa, en casa del amante, que contempla absorta otro ventilador.
- Los amantes charlan en la cama de él, junto a una ventana que da a la calle vacía. Ella se incorpora y cuando vuelve a recostarse, aparece el coche del detective aparcado frente a la casa. Cambia el plano y la cámara hace un lento travelling en el interior de la casa hacia una puerta. Al llegar a ella el movimiento cesa y lo lógico es esperar una mano (la del detective) que gire el pomo para pasar al otro lado. Sí, el pomo gira, pero no se ve mano alguna, hasta que se abre la puerta y del otro lado aparece el careto de circunstancias del detective vaquero.
- El detective dispara casi a bocajarro al marido que queda inmóvil en su silla. Del orificio brota sangre que tiñe la camisa. Más tarde, ya fugado el detective, aparece el amante, que limpia como puede el charco de sangre mientras un plano se repite con insistencia, el de la mano de la víctima a la que llega el reguero de sangre y de ella cae en goteo incesante al suelo. Angustiosos minutos después, el marido despierta de su supuesto “sueño eterno”.
- Ahora es la mujer la que se halla en la escena del crimen (ya sin cuerpo), pero con el detective escondido tras la puerta de los lavabos. Mira a la caja de caudales. Plano de la caja. Mira a los pescados descompuestos. Plano de los peces. Ella hace ademán de reclinarse hacia atrás y su cabeza alcanza una almohada sobre la que reposa. Ha cambiado el espacio, no es el despacho, es su apartamento. Pero su cara es la misma, “¿qué pasó?”
- Ella oye un ruido en la habitación contigua, cree que es su amante, pero es su marido (ella aún desconoce su suerte, el espectador sabe que está muerto y encerrado). Él le hace una inquietante advertencia. Ella se despierta. Fue un mal sueño.