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El castillo tambaleante
Pues sí, la película resulta un pelín larga, un pelín confusa; un pelín deshilvanada, un algo ñoña y, en suma, casi espléndida. Tambaleante. Poblada por personajes tan mágicos e imaginativos como el aristocrático espantapájaros, el dual Howl, la intemporal Sophie o el sin par demonio del fuego, la cinta nos ofrece un buen puñado de escenas para degustar: la subida-tortura al palacio del rey; la primera despedida del mago, tan aérea; el deambular de la anciana por el páramo... Y, siempre, el castillo, que camina con el mismo ritmo trompicado que el hilo de la narración. No te detengas, Miyazaki. ¡Que Calcifer esté siempre contigo!
Servadac 
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