Una película personal e intimista de Polanski con ciertos toques Hitchcockianos y Hustonianos, con una saludable fotografía a lo largo de París de Witold Sobocinski y una bella banda sonora ensamblada por Ennio Morricone y con temas de Grace Jones, Culture, e incluso Cole Porter y su "I love Paris"...
Polanski se sirve de una evidente estética ochentera, para relatarnos una trama de intriga con toques azabaches, de un París repleto de Peugeots 505, renaults 5, volkswagwen escarabajos y citroens antíquisimos y ya obsoletos...quizá también como subterfugio para la crítica de una exasperantemente lenta e inútil burocracia europea, llena de tristes y trágicas connotaciones...
Esa estética canalla de su etapa europea, lejos del confort, lujo y glamour de su intenso y fatídico "proceso americano", pero con una estrella de relumbrón como reclamo...el hierático y sieso Harrison Ford... el actor limitado con más presencia y magnetismo en pantalla en la historia del celuloide...el hombre de gesto forzados y expresión recia y adusta que con una leve mueca de dolor es capaz de transmitirnos más que cualquier otro prorrumpiendo en plañideros e histéricos llantos torrenciales...
La película se inicia en un taxi de llegada a París y termina también en un taxi de salida en este caso de la Ciudad de la Luz...
Un París lluvioso con el escenario central del Le Grand Hotel Intercontinental, en las inmediaciones de la torre de Eiffel y junto a la genuina estatua de la libertad... esa que tanto implica en esta película...
Una trama un tanto abrupta aunque manteniendo la tensión en alerta durante casi todo el metraje, retratando las melancólicas y nostálgicas calles parisinas de los vanales y transitorios años ochenta, cuando el mundo vagaba a la deriva, espectante a la llegada de nuevas tendencias definitivas que cambiaran el ritmo anodino de las cosas...
Tal vez esta frenética película la hiciera Polanski con el objetivo precisamente de invertir la tendencia, lo cierto es que cuando menos sorprendió en su momento... y encima Polanski se volvió a burlar del destino... en el buen sentido claro está...
F R E N É T I C A.
spoiler:
Un taxi se dirige a las 6 de la mañana de un día cualquiera a la ciudad de París.
Dentro van una pareja de ciudadanos norteamericanos de San Francisco y un taxista de raza negra, a quien se le ha pinchado una rueda...
...Ya en otro taxi, la pareja logra por fin llegar a su destino en el Gran Hotel Intercontinental de París. Él responde al nombre de Richard Walker (Harrison Ford) y ella a Sondra Walker (Betty Buckley)...
La primera vez que acudieron a París juntos, fue para celebrar su luna de miel el 15 de junio de 1968...de eso hacía ya mucho tiempo...
Ahora, con dos hijos pequeños dejados en San Francisco, han acudido solos a París con motivo de unas conferencias que como cirujano Richard debía impartir en un congreso médico de allí...
Una vez en el hotel, y mientras Richard se ducha, su mujer desaparece misteriosamente... Richard nervioso acude al gerente del hotel para enterarse de lo sucedido... La burocracia es desesperantemente LENTA, algo que llega a crispar el ánimo del espectador neutral...
Una maleta confundida parece ser la causa del meollo... una cerillas de propaganda de un bar llamado Blue Parrot (loro azul) con el nombre Dede y un número de teléfono en ellas, son la única pista de que dispone Richard para ponerse en contacto con su esposa...
Resulta que el tal Dede, había encargado a una cocainómana y cleptómana mujer llamada Michelle (Emmanuelle Seigner) a recoger un "encargo" encubierto en una estatua de la libertad tamaño miniatura...viajando en el mismo vuelo a París que los Walker había "extraviado" su maleta a posta con el fin de dar esquinazo a los "perros de presa" que la seguían, la policía israelí y los miembros de una mafia árabe-chipriota con base en el bar-restaurante de París, el Touch of Class, frecuentado precisamente por gente rica de ambas nacionalidades...
Así que por error, la mafia árabe-chipriota había secuestrado a la mujer de Richard...
Dentro de la pequeña estatua se escondía el oscuro objeto del deseo, un sofisticado artilugio revolucionario y de máxima precisión, llamado KLYTRON, una especie de detonador capaz de percutir toda una bomba atómica...
Michelle se unirá a la causa de Richard...
El final, en las inmediaciones de la estatua de la libertad parisina con tiroteo de por medio y Michelle de víctima... a propósito, la pavada final de los Walker arrojando el oscuro objeto del deseo por las aguas del Sena ante la estupefacta mirada de los agentes israelíes, mientras los Walker portan el cadáver de Michelle, es de las grandes machadas en la historia del cine...
Y cual "Carreteras perdidas" de David Lynch la cinta termina como empezó; con un taxi "tragándose" las líneas de una amplia carretera camino del Charles de Gaulle y con los carteles publicitarios de las empresas que quedan a ambos lados de la calzada alejándose en lontananza (Casio, JVC, Citroen, etc...)...ADIÓS, AU REVOIR...