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La moda se la lleva el viento.
Aunque hoy en día cada vez es más difícil encontrar a alguien que reconozca que es practicante, el negocio en torno a la religión sigue prosperando. Basta que salga una novela o una película que aborde la religión para que sea un superventas. No creo que haya existido ninguna figura histórica que haya dado más y más de qué hablar que Jesús de Nazaret.
Ese es el gran reclamo de los creadores de este musical Tim Rice y Andrew Lloyd Webber, y del director de la película Norman Jewison. En su momento el 80% de las personas que iban a ver la película lo hacían por la temática, no porque fuera un musical. Y es que esta ópera-rock de corte hippie es bastante blanda, desde el punto de vista musical convincente aunque tan sólo meritoria en algunos momentos puntuales, y del resto de apartados –es una película, no lo olvidemos- muy insuficiente.
Una de las peores fotografías de los setenta, un diseño artístico hortera y pobretón, y una moda psicodélica en los planos que el tiempo ha hecho trizas.
El argumento también se las trae. Ni sirve para acercarse a las Escrituras, ni tampoco ofrece meditaciones teológicas de interés, ofrece en cambio algunos pasajes más cuidados como la expulsión de los mercaderes del templo, la oración en el huerto y la negación de los apóstoles, que sí merecen la pena.
No entraría por mucho ni entre mis 20 musicales favoritos de la historia del cine.
Nota: 5,8.
vircenguetorix 
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