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Diálogos que acuchillan venas
Mi padre definió una vez al cine argentino como "rajarse las venas". Razón no le falta. Yo tampoco soporto el cine fácilmente desgarrado, fatalista, pesimista. El buen cine no es eso, al menos yo no lo veo así. "Soñadores" me gustó en su justa medida, me pareció una película inteligente y con sentimiento, pero en la que siempre notaba una especie de propósito sórdido y descarnado flotando por todo el film que me irritaba bastante. Es muy difícil no caer en falsedad cuando se pretenden esas metas. Me esperaba lo peor en "Martín (Hache)", pero me he sorprendido a mí mismo emocionado, jodido, compadecido de esos magníficos personajes, y bien que me alegro.
Según leo por aquí es acusada de discursiva y con un exceso de diálogo sin rigor ni autocontrol, he de decir que estoy de acuerdo en lo de que hay exceso, además carga un poco tanto abuso y encima en argentino, acento que a mí me gusta bastante pero que en exceso empalaga, en fin, qué frívolo soy. Pero a mí la película me parece admirable, sortea con una precisión increíble la caída en el fácil desgarro contando la historia de cuatro personajes maravillosos con unos intérpretes excepcionales: el grande, grandísimo Federico Luppi, no me esperaba menos de él; un actor que a veces me carga pero que aquí está portentoso, Eusebio Poncela; Cecilia Roth que está conmovedora y muy desenvuelta; y Juan Diego Botto, que aunque me parece que no está a la altura de los otros tres, sí que hay que reconocerle un logro personal.
Me identifico plenamente con esa autodestrucción que destila el film, que aunque no está mostrada, que está apoyada exclusivamente en los actores y los diálogos, yo no la veo en el film, pero la siento, la noto sé que está ahí, sé que es insoportable como veo que hay algo que los personajes tampoco soportan. Están perdidos ante este torrente inabarcable que es la vida, pretendiendo discutir sobre ella, con exceso de diálogo, sí, pero diálogo la mayoría de las veces excelente. Eso es implicación y lo demás son tonterías.
Aparte de ese defecto tan evidente que sobrevuela el film, me hubiese gustado que Aristarain hubiese confiado más en la imagen, en el medio cinematográfico, pero si hay algo que se ha currado es el guión y mantener un prodigioso equilibrio para no caer en lo fácil, cosa de agradecer. Una película tortuosa y torturada, y aunque no lo parezca, también un canto a la vida, a las cosas que verdaderamente importan como son los tuyos.
GVD 
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