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Sólo para consumidores de higadillos ajenos
Según tengo entendido, el cine indie se caracteriza por dar cobijo a proyectos cinematográficos relativamente innovadores, rupturistas y hasta cierto punto polémicos. Proyectos que no casan demasiado bien con el talante del cine más genuinamente comercial y que suponen, en la mayoría de los casos, una bocanada de aire fresco para una industria predestinada a satisfacer las demandas de un proletariado cinéfilo cada vez más zafio, aborregado y ramplón.
“Precious”, sin embargo, me parece una peli hecha -paradójicamente- para complacer a ese público chabacano y cerril. No comprendo, si no, qué sentido puede tener armar un guión metiendo en una batidora todas las miserias y calamidades familiares habidas y por haber (obesidad mórbida, bulimia, maltrato físico y psicológico, abuso sexual, pederastia, incesto, embarazos no deseados, deficiencia mental, drogadicción, depresión…). ¿Remover conciencias? ¿Practicar la denuncia social? ¿Poner sobre el tapete la dura realidad de los barrios marginales? ¿Conmover al público? ¿Escandalizarlo? No, señores, no. No nos engañemos. “Precious” es una peli que va de cultureta y transgresora, sí, pero lo único que pretende, a mi juicio, es dar carnaza a ese multitudinario espectro social que disfruta con la desgracia ajena. A todas esas marujas y marujos que cada día necesitan su pertinente dosis de telebasura y a todos esos pseudointelectuales de pacotilla que, asimismo, consiguen saciar sus obscenas y ávidas ansias de morbo con pelis como ésta.
Merecido cate, pues, para una sobrevaloradísima bribonada que no aporta absolutamente nada al panorama cinematográfico actual y de la que yo -particularmente- sólo salvaría la sobria interpretación de Mo’nique. Y gracias.
Taylor 
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