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Voto de EDUARDO:
9
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9
7,4
6.536
4 de diciembre de 2006
4 de diciembre de 2006
42 de 49 usuarios han encontrado esta crítica útil
El hecho de no poner en duda en ningún momento los valores de la civilización nos hace deducir su necesidad e incluso su inexorabilidad. Así sucede en el cine francés, donde la máxima profundidad no cuestiona en ningún caso los principios y valores de la ilustración. Mas atrás no existe nada y el pensamiento no concibe una posición anterior.
El pequeño salvaje es el intento más directo dentro del cine francés de enfocar esta cuestión y no deja resquicio a la duda.
Desde incluso antes de la captura del niño queda claro que el lugar del ser humano no es la naturaleza sino la civilización y su destino ha de desarrollarse en dicho ámbito acompañado, eso si, de la nostalgia por la libertad perdida, concentrada como hace Truffaut en el agua pura.
El propio niño comprende y acepta ese destino que tiene como principal recompensa el afecto de otros seres humanos (¿hubiese hecho lo mismo un niño no francés?). Por otra parte el frío y científico educador demuestra por fin sus sentimientos enjugado por el agua de la naturaleza que representa el niño.
El pequeño salvaje es el intento más directo dentro del cine francés de enfocar esta cuestión y no deja resquicio a la duda.
Desde incluso antes de la captura del niño queda claro que el lugar del ser humano no es la naturaleza sino la civilización y su destino ha de desarrollarse en dicho ámbito acompañado, eso si, de la nostalgia por la libertad perdida, concentrada como hace Truffaut en el agua pura.
El propio niño comprende y acepta ese destino que tiene como principal recompensa el afecto de otros seres humanos (¿hubiese hecho lo mismo un niño no francés?). Por otra parte el frío y científico educador demuestra por fin sus sentimientos enjugado por el agua de la naturaleza que representa el niño.

Jean-Pierre Cargol
La ambientación, el vestuario, el mobiliario, el ritmo y la musicalidad de la película son impecables. La profundidad de los planos, con la cámara estática, se confía al movimiento de los personajes, recreando así la atmósfera de los paisajes románticos de la época donde el sujeto se presenta en acción pero insertado en la naturaleza.
Una vez mas es el artificio del cine (podría haberse rodado con la cruel vitalidad de Godard en “Al final de la escapada” o “Week end” mas próximo al torbellino de sentimientos y acciones que pudo suponer la entrada del niño en esa casa) sirve para transmitir una sensación que probablemente no se hubiese conseguido de haber rodado con el vitalismo nihilista con que rodó la posterior historia de Antoine Doinel.
Una obra maestra extraordinaria.
Una vez mas es el artificio del cine (podría haberse rodado con la cruel vitalidad de Godard en “Al final de la escapada” o “Week end” mas próximo al torbellino de sentimientos y acciones que pudo suponer la entrada del niño en esa casa) sirve para transmitir una sensación que probablemente no se hubiese conseguido de haber rodado con el vitalismo nihilista con que rodó la posterior historia de Antoine Doinel.
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