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Dentro de los pétalos
Una película efectista e impactante que sorprendió en su momento por el éxito comercial y crítico. Algo infravalorada unos años después, es una cinta de planificación y resultados fascinantes, con inumerables virtudes que parten de una gran historia, la de la angustia vital de la clase media norteamiericana y como cada persona la canaliza de una manera. En este sentido podría haber sido el dramón más, denso y duro, pero como obra maestra, o al menos algo muy cercano, que es, lo evita, introduciendo gotas de humor negro y pinceladas de ironía a la histoia de nuestro héroe, Lester, que vive una vida aparentemente tan bella como las rosas de su esposa, pero probablemente también igual de hermética, algo de lo que él se quiere liberar, quiere abrir los pétalos de su existencia para descubrir la belleza, aunque esta sea efímera, sea recuperando la relación con su esposa e hija, viviendo más allá de las cuatro paredes de su oficina, o volver a ser jóven en el amor y la amistad. Por preciosista que pueda sonar la historia es esa sutil critica social y ese guión repleto de humor lo que lo hace un film en parte divertido, en parte doloroso, ya que al fin y al cabo lo que vemos en la pantalla es el ascenso vital de una persona capaz de enfrentarse a los convencionalismos de una vida en la que se supone se debe ser feliz, para llegar a alcanzar tanto que llega a chocar con el cielo, de forma tan dramática, que a pesar de los logros de su existencia, todos los espectadores nos sentimos conmocionados por su destino. Spacey pone rostro, cuerpo, y alma a este complejo personaje haciendo que nunca nos podamos olvidar de su magnífica interpretación, algo que también ocurre con Bening, un ser neurótico, ambicioso, pero solitario y sensible al fin y al cabo al que la actriz dota de una humanidad absoluta, haciendo sencillamente perfectas todas sus aparicioes en la pantalla.Los jóvenes Birch (alguien tierno y solo a pesar de su desesperanzada actitud), Suvari (inocente e infantil dentro de su imágen de depredadora sexual), y Bentley (un joven enfermizo y observador, así como entregado y sincero) entran a este mundo con el miedo de saber que en el futuro probablemente no haya ni belleza ni felicidad.
Si bien puede decirse que el interesante personaje de Allison Janney no está demasiado desarrollado o que el giro final de guión en cuanto a Chris Cooper parece algo forzado, lo cierto es que American Beauty acierta en la impresionante fotografía del fallecido Conrad L. Hallen (el uso del color rojo se hace imprescindible), su espléndido guión de Alan Ball, y en la magnífica dirección de un nobel Sam Mendes (sabe ser original, realista, arriesgado, bello...), que sabe captar la angustia vital de sus personajes, unos seres decepcionados y fascinados por la idea de la belleza hasta unos límites en los que rozan la locura... y lo humano...
jaly 
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